Me pregunto por qué lo misterioso y lo morboso siempre me atrajo tanto. Al igual que el resto de las niñas, me encantaba leer las historias de Victoria Holt, me sentía fascinada por aquellos hombres rudos y distantes que con el paso del tiempo se iban transformando en hombres atentos y enamorados de la joven protagonista. Todos ellos de una belleza praxiteliana, de cuerpos esbeltos y bellos ojos. A menudo torturados por un secreto no desvelado hasta el final, atrapados en un destino difícil de cambiar, que una vez bendecidos por el amor puro y verdadero, superaban todas las dificultades, con valentía y no exento de mucho, mucho sufrimiento.
Unos años más tarde cambié a Vicyoria Holt por Jane Austen y las hermanas Brönte. Las historias y mis recreaciones ganaron en matices y en complejidad, sin lugar a dudas. Los argumentos cobraban mayor importancia, aparecía la crítica social, la belleza de las frases bien contadas.
La figura masculina seguía el mismo paradigma. Aparece el hombre misterioso una y otra vez. Hermoso, fuerte, educado y un tanto rudo. Distante e imprevisible, sensible pero atormentado.
Y a la vez que me pregunto por qué me atrajeron siempre estos personajes literarios. Si esto influyó en mi, al igual que el resto de las niñas, en mis futuras elecciones amorosas.
El otro día vi una película basada en unos famosos libros sobre un joven vampiro. Escrita por una mujer y para mujeres muy jóvenes. La vi absolutamente fascinada...Han pasado varios días y me he hecho numerosas reflexiones. Viéndola me sentí nuevamente como aquella niña de doce años que se devoraba aquellas novelas románticas, soñando noche tras noche con aquel hombre distante y lleno de una ternura a punto de explotarle dentro del pecho. El deseo desbocado del protagonista es su peor enemigo, el amor puro su mejor aliado...
Esa mezcla de dolor y placer, la lucha continua: Eros contra Tanatos. El amor y su descubrimiento, la entrega total te puede llevar al dolor más cruel, a la muerte.
El morbo. La atracción de lo morboso. Sigo preguntándome días después cómo me ha conmovido tanto esta historia, no con un asomo de vergüenza. La mujer de 37 años, aún fascinada por ese hombre joven doliente y sumamente atractivo.
Y toda esta fascinación oculta un profundo malestar. La niña adolescente sigue dentro de un cuerpo que ya no es joven y va camino de la plena madurez...El paso del tiempo inexorable, me duele de repente, por primera vez.
Me miro al espejo y me digo que son sólo fábulas y leyendas, lo que nunca nadie pudo alcanzar, he ahí lo abrumador y a la vez, fascinante de todo esto. Pero mi malestar no se queda ahí...Me digo que aunque todo eso no existe y es irreal, no puedo engañarme ni hacerme concesiones. Que sigo buscando la relación excelsa, al hombre que me haga sentir un amor arrebatador. No tiene que ser bello, no tiene que ser hermoso, ni tiene que esconder ningún secreto. Pero tiene que ser así. No tengo otra opción. Es mi riesgo particular, mi esperanza y mi alegría...
