So easy...
Hoy hablaba con mis compañeras de la oficina sobre todo y nada, como siempre son las conversaciones de café en esos minutos muertos que aumentan peligrosamente conforme se va acercando el viernes…en un momento dado, como diría Johan, nos hemos puesto trascendentes y yo, como siempre acabé acordándome de él. Una de mis compañeras decía que le dábamos envidia otra compi y yo porque nuestra vida ya estaba resulta. “Tú, me decía, tienes un ex -marido que te pasa una pasta, un niño maravilloso, un trabajo cerca de casa, un amante, vives sola, haces lo que quieres”.
Es cuanto menos curioso observar cómo te ven los otros a ti, desde fuera. Cómo puede diferir y distorsionarse una imagen de la otra… Es decir, que yo, treintañera y con un fracaso matrimonial a mis espaldas, con un niño que no para de echar de menos a su padre que vive a 2000 km de distancia, una cama enorme donde me sobran todas las esquinas, un amante que sólo me quiere para el sexo, cuando yo le quisiera para eso y mucho más, un trabajo que me aburre, doy envidia a alguien!!
Debería entonces seguir la siguiente terapia entonces. En los momentos bajos de la semana, cuando el único pensamiento que se hace sitio en mi cabecita, él, él, él, una y otra vez él, me acaba amargándome el día, recordar el comentario de mi compañera y intentar verme desde fuera: una mujer independiente, sin problemas económicos, con una actividad sexual, digamos periódica ( lo de frecuente me parece que no….), con un hijo al que adora, sin la necesidad perentoria de ser madre, un trabajo comodísimo, una familia cerca que siempre está al quite con el enano…
En fin. Debería consolarme. Pero no lo hace. Yo sólo necesito una cosa: su atención. Tan sencillo, tan fácil. Y eso, pues no lo tengo.
