No me gustan los días torcidos, ni la falta de ganas, ni los bostezos, ni la ausencia imprevista…
No me gusta cuando, en contra de mi voluntad férrea de indómita princesa moderna, pasan los días y el móvil no suena…y me cabreo.

No me gusta reconocer que, a todos engaño y en el fondo a ninguno. Pero a quien no puedo engañar es a mi misma.
No me gusta caer rendida en la cama y ver que el día, por tu culpa, se torció. Que se truncó la disposición animosa, la sonrisa calmada. Que a mi pesar me jode admitir que soy un frágil junco mecido por una poderosa levantera: tú.