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La Coctelera

smartgirl

4 Febrero 2007

Melancolía

Se acaba el domingo. Lo hemos pasado en casa, sin grandes planes, el enano y yo. Pasear, jugar en el parque, en casa a las cartas, vaguear en el sofá del salón viendo la tele, charlando, haciendo payasadas...

Y se va haciendo oscuro , se encienden las lámparas y llega la hora de la camita, le leo el cuento, le digo una vez más lo mucho que le quiero y que sueñe bonito. Le repito una vez más que piense en las cosas bonitas que tiene y en la gente que le quiere. Como una letanía le digo que otros niños no tuvieron su suerte.
-No quiero ir al cole mami quiero que sea siempre finde.
-Cariño en el cole lo pasas bien, juegas con tus amiguitos.
-Ya, pero es un rollo...
Le recuerdo que hay niños que desean ir al cole y no pueden porque sus padres no tienen dinero y él me responde que por qué no van al banco y sacan dinero de las maquinitas como hago yo...

Después de explicarle que los bancos no regalan el dinero sino más bien lo contrario, le beso y le dejo a solas. Y me quedo sola en el salón y hago recuento de las cosas sencillas que hemos hecho juntos. Me siento tranquila, siento que poco a poco, vuelvo a encontrar mi lugar en este país. Los dos. Ya no se me cae la casa encima, he vuelto a encontrar placer en la lectura, en la música, en mi soledad de mujer.

Una dulce melancolía me invade. Ese sentimiento de pérdida de algo pasado, una pérdida sosegada. Un sentimiento de esperanza en el día de mañana, mañana y quizá pasado mañana, no quiero interesarme por nada más allá, estoy aprendiendo...

No necesito a nadie a mi lado, elijo tener a alguien junto a mi, pero aún no ha llegado, pero no tengo prisa. Ya no. Este año turbulento que he dejado atrás ha dejado un corazón arrasado y revuelto, pero ya he empezado las obras de reconstrucción. Y me siento bien. Ahora me siento bien...por dios que dure!

Y todo ello sin soluciones drásticas ni decisiones traumáticas. Sigo con él, nos seguimos viendo, pero ahora las riendas las llevo yo. He elegido darle mi cariño y no quiero llevar la cuenta de las sumas y las restas. Allá él si no quiere sentir, él es libre de amarme. Y descubrir que las caricias que doy me hacen sentir bien, sin esperar nada a cambio. Porque la fuerza que me brota de dentro me dice que está bien así como está...

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Sobre mí

Tengo 35 años, un hijo, un ex-marido, tres hermanos, un amante, un amigo, tres amigas, un par de buenos conocidos, un trabajo que no me llena y falta de ánimo para cambiarlo, una historia de desamor, más de 100 libros, 30 pares de zapatos, diez mudanzas a mis espaldas, una ausencia, 200 fotos, cien disgustos, mil alegrías...

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