Y lloró...
No me hagas esto por dios, no me hagas esto…
Estabas muy guapo, no te habías peinado y estabas ojeroso. Cojeabas ligeramente porque te habías “lesionado” en tu partidillo de fútbol. Y olías a jabón y a ropa limpia.
Yo quería hablar contigo, quería decirte que estoy aquí para lo que quieras, quería decirte que tengo más que ofrecerte, que quiero ser tu amiga, que cuentes conmigo.
Hace ya meses que dejé de sufrir por ti. Me he dado cuenta por fin, que nada tiene que ver conmigo, mis desvelos, mi ansiedad era innecesaria y sobretodo, inútil. Tú no puedes, sencillamente, dar más. Ahora lo sé.
Yo quería decirte todo esto pero no sé cómo no salió como tenía previsto. Lo había ensayado ante el espejo, había preparado mi guión. Frases conexas, bien construidas, frases maduras, hiladas. Pero nada salió como había planeado una y otra vez en mi mente.
Y lo vi venir…de repente recibes un sms y yo recordé todos nuestros malos rollos con tu maldito móvil, demonio, mi enemigo número uno: tu móvil, mensajero cruel, creador de fantasmas, alimento de mi neurosis…y te solté un improperio…
Hablamos sí, pero ya era tarde. Y tú me confesaste que estabas mal, que tenías un mal día. Vaya, casualidad, el día anterior habías estado con tu expor primera vez en mucho tiempo...
Pero yo no contaba con esto por dios, no…tus lágrimas. Me miraste a los ojos y de repente tus lagrimas! El tipo duro, el hombre frío y distante, el vaquero…te caían las lagrimas esos ojos verdes abajo…
No sabes que a una mujer lo peor que puedes hacerle es esto!!! Llorabas, en medio del café, lleno de gente, mi perrito apaleado...
Y entonces me di cuenta. Tus lágrimas y un par de datos inconexos. Ella, tu exmujer, todavía te duele. Te sigue doliendo.

Mariana la Aldeana dijo
Después de leerte me voy con el alma encogida.
Precioso artículo.
Un beso.
10 Marzo 2007 | 01:10 PM